Carina Kosel

El casamiento de Beto

 

 

Dos chicas en una terraza fea, despintada, descuidada, una noche de verano. Banderines descoloridos cruzan la escena. Las dos están vestidas de fiesta. Romina es pequeña, enérgica, puro nervio, usa anteojos. A pesar de su atuendo y su maquillaje no pierde el aire intelectual, la mirada atenta y la actitud pensativa. Cero sensualidad, se siente incómoda allí y vestida de ese modo. Tiene un vaso de plástico con una bebida alcohólica. Ana está más relajada y feliz, dispuesta a pasar un buen momento con su novio, Fabián, y sus amigos de la Facultad. Es el casamiento de Beto, un compañero de Fabián, todos estudiantes y militantes del peronismo de izquierda. Romina es la hermana de Beto, un poco mayor, militante de una agrupación trotskysta. Ana no milita. Es muy estudiosa y vive en Palermo. Le gusta la música pop, no tiene nada que ver con la militancia, pero está enamoradísima de Fabián y todo su mundo la divierte. Es sapo de otro pozo en ese grupo, pero no le importa nada, ni a Fabián tampoco.

Durante toda la escena se escucha muy, muy bajita, la música que suena en el salón cubierto. Es ritmo de cumbia de los 90.

 

Romina: ¿Alguna vez estuviste acá?

Ana: Me estás jodiendo.

Romina: No boluda. No te estoy jodiendo. Es Claypole, no es el Far West. Podés haber estado, qué sé yo.

Ana: Ah, no, yo pensé que acá, “acá”. En este lugar. En este... salón, no sé. No, igual tampoco había estado antes. Me sonaba, me sonaba mucho, pero no había venido ni sabía bien dónde quedaba. ¿Por qué? ¿Vos ya conocías?

Romina: No.

Ana: Yo lo había escuchado un par de veces, en la tele.

Romina: ¿En algún noticiero?

Ana: No. No, haciendo zapping, en el programa de Roberto Galán. “Yo me quiero casar”. ¿Nunca lo viste?

Romina: No.

Ana: ¿En serio? ¿Ni para cagarte un poco de risa?

Romina: No suelo reírme de la gente así.

Ana: ¿Cómo la gente “así”? Ah, entonces lo viste, sabés de qué se trata.

Romina: No, no lo vi, pero sé de qué se trata, igualmente. ¿Y qué tiene que ver con Claypole?

Ana: Varias veces ha ido gente de Claypole.

Romina: Entonces lo viste varias veces el programa.

Ana: Sí. No. Haciendo zapping, qué sé yo. Y resulta que una vez me quedó grabado porque Galán decía, suponete “Rrrrroberto Masero, de la localidad de Claypole. ¿Es así verdad?” “Así es, así es, sí señor” contestaba el tipo. “Y digamé, señor Rrrroberto Masero, ¿usted es propietario?” “¿Cómo?” “Si es propietario, si es dueño de una casa, de un terreno, qué tiene en la localidad de Claypole, qué tiene que ofrecerle por ejemplo, a una señorita, a la Sra. Tomasa por si fuera el caso, si ella estuviera interesada en usted?” “Ah, sí, sí, yo vivo con mi madre, tengo un departamento en el fondo”. “¿Pero es suyo, usted es propietario? ¿Alquila, es de su madre, cómo es la cosa?” lo apretaba Galán. Y el tipo medio dudaba, como que carreteaba y no se largaba a explicar.  Y después iba y le preguntaba a Tomasa. “Y dígame, Sra. Tomasa Medina, de la localidad bonaerense de Martín Coronado, ¿a usted le gusta el hombre manosero, el hombre toquetón?” Y la vieja se sonreía, se ponía colorada, y el de Claypole también agachaba la cabecita, y Galán iba y se metía de nuevo con el tipo “A ver, a ver, lo veo que se ríe, Rrrroberto, usted se considera toquetón?” Y así. Ay, ay, ay...

Romina: Mh. Pobre tipo. Qué forro ese Galán.

(silencio de ambas)

Ana: ¿Y vos? ¿cómo estás con todo esto?

Romina (se desmorona un poco): Ah... no me hablés.

Ana: Porque mucho pueblo, mucho humilde, mucha militancia, y bueh. Acá tenés. ¿Querías pueblo-pueblo? Acá tenés. Flor de cuñadita te mandaste.

Romina: Esto es surrealista flaca. Mirá que yo la patée, eh. Anduve con el barro hasta las rodillas. La pateo, bah. Ahora estamos levantando otro centro comunitario en la 11-14. Y en la 31 estamos re metidos. Pero esto es surrealista. Yo la veo a la mina esta con ese vestido blanco de raso, ese miriñaque. Y mi hermano...

Ana: ¿Surrealista? Vos porque te trajo tu viejo en auto hasta acá. Surrealista éramos todos nosotros en el bondi. En el bondi de línea, todo cargado, la gente que volvía de trabajar, luces violetas, cumbia, banderines y palanca nacarada. Y todos nosotros agarrados del caño, con vestidos de encaje, tacos de American Pie, Pancho de traje... los aros de strass se me zarandeaban al ritmo de Gilda, boluda. La gente nos miraba y medio se reía de nosotros.

Romina (un poco más floja, un poco risueña): ¿Y vos? Qué humillante, ¿no, Ana? Seguro que ese mismo vestido que tenés acá lo usaste para algún casamiento en Costa Salguero.

Ana: ¡Ay, sí! ¿Cómo adivinaste?

Romina (con una risita despreciativa): ¿Viste? Me imaginaba.

Ana: Y yo nada, estoica, bancándola, con el vestidito de Costa Salguero en el 278. ¡Pst! Con razón tu vieja cuando salimos de la iglesia nos dijo, medio llorando “ahora los va a venir a buscar un colectivo que los va a llevar al salón, esperen por acá” y salió corriendo. Nosotros pensábamos que habían contratado un colectivo o algo así. No. Paró el 278 y Pancho, que había estado secreteando con tu vieja, empezó “arriba, arriba” y subimos todos. Con Fabi nos mirábamos, no lo podíamos creer. (pausa) ¿Y vos, ese vestidito? Nunca te había visto, así, tan arreglada, Romi. ¿Lo usaste en algún casamiento? No, ¿no? Es más bien de cóctel.

Romina: No suelo tener casamientos, nena. Nadie se casa ya, menos por iglesia. Bah, nadie menos mi hermano, parece.

Ana: No, yo sí, cada tanto tengo. A mí me gustaría algún día... (ante la mirada despreciativa de Romina, Ana se interrumpe y cambia de tema). Bah, qué sé yo. Y bueno, Ro. Son cosas que pasan. Hay que poner buena onda, bancar a tu hermano.

Romina (reflexiva): Beto... Beto es un pelotudo.

Ana: Ay, no digas así, Romi. Hay una criatura en camino... (transición) ¡Claro! yo pensé que tu vieja lloraba de la emoción, a la salida de la iglesia, de verlo casar al hijo. Pero lloraba del papelón de que nos teníamos que venir todos en colectivo de línea.

Romina (estallando): ¿Pero cómo pensás que va a llorar de la emoción, qué emoción? Mirá Ana, yo no tengo ningún problema con los humildes, con el pueblo, como lo quieras llamar. Cuando empezamos con lo del local aquel en Ciudad Oculta, te acordás que te conté... hasta tuve algo con un pibe de la villa. No tengo ningún problema con eso. No me segmento. Pero te voy a contar una anécdota para que entiendas cómo es la cosa, cómo se hacen las cosas. ¿Vos sabés lo que le pasó a una profesora de la Facultad en un tren lleno de cartoneros?

Ana: No...

Romina: ¿No? ¿No leés los diarios? Se toma al tren en Saavedra y ve que la gente baja, baja, baja del tren, queda medio vacío. Ella se sube igual y ve que la gente se bajaba porque habían subido todos cartoneros en la estación anterior, y los demás bajaron, salieron disparados como ratas por tirante.

Ana: Mh, qué mal. Es re discriminación, eso. ¿Y ella qué hizo?

Romina: Se quedó, se quedó en el tren. Sola, bien plantada entre todos los cartoneros. Dijo “yo no soy como ellos, yo soy progre, yo soy piola, soy buena gente. Y ellos también”. (pausa) Llegó en pelotas a Retiro. ¡En pelotas!

Ana: ¡Ah! ¡Qué horror! (silencio de ambas) ¿Y...? ¿Qué querés decirme con esto?

Romina: Que una cosa es ser progre, y otra cosa es ser pelotudo (fondo blanco y sale).

Ana (soliloquio): Qué rara que está Romi. Hablando así, y con ese vestidito...

Romina (vuelve a entrar, alterada, medio bebida): ¡No digas nada, eh! Porque vos a lo mejor boqueás, repetís y metés la pata. No sabés moverte en estos ambientes. Yo no dije nada, ¿estamos?

Ana: ¡No, no, Romi, andá tranquila!

Romina se da vuelta, pero justo se topa con un “trencito” que viene bailando cumbia.

La quieren meter en el trencito, pero ella se niega, con rudeza se los saca de encima y sale. el último del trencito es Fabián, el novio de Ana, que la invita a unirse al trencito, ella se mete, lo besa y el trencito sigue.

 

Los primeros del trencito se sueltan y quedan adelante, en escena. El resto del trencito continúa y sale de escena. Las que quedan son la madre de la novia (Belén), su cuñada (Delia) y la vecina, costurera (Rosita), amiga de ambas. Belén está tensa, entre contenta y preocupada por que salga todo bien: la fiesta y el futuro de su hija. Delia y Rosita están más relajadas, se ríen.

 

Rosita: ¡Pero qué linda que está la Yanet!

Delia: Por supuesto, si salió a la tía. (ríen)

Belén: Ay, gracias a ti Rosita. Como le has podido arreglar el vestido de los 15, qué milagro.

Delia: Las manos mágicas del barrio.

Rosita: La máquina de coser mágica.

(ríen)

Belén (pensativa): No, si es que se puso redondita, la Yani. Ay, igual a mí, que cuando estaba de compras me ponía como un tanque australiano (ríen las tres un poco).

Delia: Ay, cuñada, cuñada, cómo pasa el tiempo. Si fue ayer que le festejamos los 15, ¿te acordás? Y ya pasaron 5 años.

Rosita: ¿Y el muchacho? Fino parece, ¿no?

(Belén suspira, mientras responde Delia)

Delia: Ah, el novio de la Yanet es un inútil. El marido, bah. No sabe ni hacer asado. ¿Te acordás, Belén? Mi hermano había traído un costillar del frigorífico, unas achuras, unas cositas para el cumpleaños del Toti. Y le dijo que le diera una mano. Ahhhh.... qué risa. Agregaba carbones sin prender abajo de la carne........ Si se le nota en las manos que nunca trabajó.

Belén: Bueno, ya va a aprender. Ahora está terminando de estudiar.

Rosita: Ah, qué bien... ¿Y qué estudia?

(silencio)

Belén: Eh...

Delia: Antro… logía… nosecuanto logía, una boludez de esas.

Rosita: ¿Antropofagia?

Delia: Má qué sé yo. Pero es rico el chico. Qué sé yo. Me hace acordar un poco a Rodolfo cuando era joven.

Rosita: ¿Tu marido, el Rodo? Dejame de joder, Delia, si es más negro que no se ve en la oscuridad. (ríen Delia y Belén).

Delia: Pará, che, no se metan con el negro que pagó la mitad de la fiesta, ¿eh?

Belén: La verdad que se portó el negro. Y los muchachos del frigorífico, y Don Braulio nos dio una mano.

Rosita: ¿Y la familia de él, che? Porque parecen gente bien. Eso sí, con gusto a poco.

Belén: Un amigo de la facultad les regala la noche de bodas y la mamá de él la heladera y el cama de matrimonio.

Rosita: ¿Y la hermana?

(Belén y Delia hacen gesto con la boca de ni idea)

Belén: Entre la mamá, la hermana y el papá les compran la heladera y la cama, creo yo.

Rosita: Ah, ¿tiene papá?

Delia: Sí, ¿no lo viste a la salida de la iglesia? Parece que están separados. No quiso venir a la fiesta, se rajó sin saludar a nadie. Che, me voy a buscar al Rodo, y de paso traigo una cervecita, les parece.

Rosita: Bueno, Delia. (mientras se aleja Delia:) Estás linda vos también. Guarda, no te vaya a agarrar algún borracho. (ríe mientras Delia se aleja)

Delia: ¡Oh, jo jo! ¡Loca! (sale)

(Belén suspira)

Rosita: ¿Qué pasa, está muy ajustada la cintura, negra? (le empieza a revisar la ropa, como modista experta).

Belén: (suspira) Ah, es que comí mucho, se me hincha la panza.

Rosita: No comiste nada. ¿Qué te pasa? Estás tensa. Está saliendo todo lindo, quedate tranquila.

Belén: Pero viste que no vino nadie de la familia de él. La mamá y la hermana, la Romina esa que anda con cara de culo por todos lados.

Rosita: Es que está tristona porque se casa el hermano... Tu consuegra también parece de moco fácil.

Belén: Ay, ojalá que sea eso, mirá. A mí me parece que no les gusta una mierda que el Beto se case con mi Yanet. Yo también estoy emocionada por el casamiento, porque voy a ser abuela, todo, pero... es una fiesta, es alegría, dejame de joder, Rosi... No podés estar así.

Rosita: No, no, te parece. Andá a saber, a lo mejor la señora como es separada todo esto le recuerda al marido, viste.

Belén: ¿Y la hija? ¿La Romina? ¿Por qué tiene esa cara de culo, me querés decir?

Rosita: Y bueno, porque... porque es la cara que Dios le dio, Belén, qué le vas a hacer. (se ríen las dos). ¿Ya tienen todos los muebles, los chicos?

Belén: Todo, todo no. Vos conocés ahí, en el fondo de casa, que hay una mesa, unas sillitas, el modular con la tele. Les faltan las mesitas de luz... y algún colchón rejuntaremos por ahí.

Rosita: ¡Ah! Se van a instalar en el fondo de tu casa. Está muy bien, está muy bien. Qué bien hizo Juanjo cuando construyó ahí atrás, eh, vos que lo criticabas.

Belén: Mh, sí, sí, al final hizo bien, sí. Y bueno, cuando llegue la heladera, la cama, las cositas para el bebé se las pasa Mirta... Cuando terminemos de pagar la fiesta a lo mejor le compramos el andador...

Delia (sube agitada:) ¡El vals, chicas, el vals! (salen todas apresuradas)

 

Escritura teatral

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