Ricardo III

Escrita en 1593.

 

Las fuentes que utiliza Shakespeare: La unión de las dos nobles e ilustres familias de Lancaster y de York, 1548, de Edward Hall, y de Raphael Holinshed, la ya mencionada Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda; y la incompleta Historia del rey Ricardo Tercero (1513), atribuida a Thomas More.

 

La intención de Shakespeare con Ricardo III consiste en presentar ante sus contemporáneos un argumento ya conocido: Guerra de las Rosas (1455/1485).

Al ser un drama de corte político y propagandístico bajo la dinastía vencedora (Tudor), y bajo fuentes literarias que obedecen a ese poder (Hall, Holinshed, More), uno de los objetivos del trabajo será eliminar todo tipo de vestigio e influencia del linaje anterior. Por eso mismo se reconstruirá esta imagen monstruosa e incluso deforme de Ricardo III (extremo no tan probado históricamente). “La historia la escriben siempre los que ganan”.

 

Ricardo III parece presentarse como la encarnación del mal. Mal que avanza a lo largo del relato, abriéndose paso mediante crímenes, y que encuentra su final en la última batalla a manos de Richmond – Enrique VII. Mal que es maquillado además sobre un carisma singular, otorgado por su capacidad retórica, capaz de generar guiños con el espectador y con los mismos personajes. Llega incluso a convencer a aquellos que ha dejado sin familia.

 

Sobre el final de la tragedia, Ricardo III irá progresivamente perdiendo control y dominio de la retórica. Este declive se iniciará una vez que “accede al trono” en el acto III. Su ambición desmedida irá rompiendo vínculos con todos los que lo apoyaron para llegar al poder (Buckingham y la promesa de un territorio). No será un rey arrepentido por los crímenes, apenas se observa un atisbo de lamento en la escena III del Acto V. Su retórica maquiavélica será capaz de convencer hasta a su propia conciencia. 

 

Durante toda la obra, Ricardo III es nombrado con palabras que refieren a bestias, animales, un ser a mitad de camino entre lo monstruoso y lo bestial: erizo, perro sangriento, araña, bestia, jabalí, simio, cucaracha, lobo, sabueso del infierno. Se lo vincula con el propio veneno, y por extensión con el pecado: horrible ministro del infierno, brazo armado del infierno, diabólico esclavo, el diablo es su único amigo, cacodemonio, su reino es el infierno, tramas diabólicas, maldita brujería, infernales encantamientos, enemigo de Dios. 

 

El texto es una tragedia aristotélica. Género de obra vinculado al tópico de “caída de príncipes”: La irresistible ascensión y posterior precipitación en el abismo de un personaje noble, preferentemente un monarca. La catástrofe que envuelve al protagonista, dirige a los espectadores a la necesaria y purgativa catarsis. Quizás Ricardo III sea de las obras más griegas de Shakespeare. El texto toma carácter moral y didáctico, dirigiendo a todo un pueblo: “no caer de nuevo en errores fratricidas que desembocan en contiendas seculares”.

 

Ricardo III, es en Shakespeare, el inicio de una construcción de criaturas complejas, lejanas a las formas de maniqueísmo medieval excesivamente simplistas y radicales. Figuras de conflictos en dimensiones más amplias y profundas, en última instancia, ambiguas.

 

Bibliografía: Geoffrey Bullough, Narrative and Dramatic Sources of Shakespeare; Pérez Gallego Cándido, Dramática de Shakespeare; Conejero Manuel A., Shakespeare, orden y caos.

Escritura teatral

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