Sergio Arregui

 

Dream is over

 

 

 

Una modestísima habitación con una cama matrimonial. A sus pies un acolchado negro arrojado descuidadamente. A ambos lados de la cama y contra la pared, dos mesitas de luz coronadas por sendos veladores. Sólo el velador a la izquierda de la cama está encendido y sobre su mampara se apoya una prenda femenina que atenúa la luz emitida. Unos pasos a la derecha de la cama, una silla. Sobre ella se llegan a ver la espalada y la nuca de Teofilo que hace desapasionadamente el amor. Se oyen los gemidos de Anabel, desproporcionados en comparación al leve y lento movimiento del hombre. Gradualmente, avanzando desde el lado derecho casi a oscuras, comienza a adivinarse la figura de Amado, completamente de negro, quien al llegar al pie de la cama, se detiene. Teofilo sufre un estremecimiento frenetico tras el cual se deja caer desplomado sobre Anabel que alza una mano hacia el crucifijo clavado en la pared sobre si. Al punto, Amado le echa la cabeza hacia atrás  tomándolo del pelo a Teofilo y lo degüella.

 
AMADO
(recostando suavemente el cadáver)- Pobre infeliz
 
Anabel- ¿Me querés decir que hacías ahí parado?
 
Amado
(Mirando fijo y como ido el cuerpo de Teofilo)- Tenia que dejarlo acabar. 
 

Toma el camisón de sobre el velador y se lo pone. La escena gana en luminosidad.

 

ANABEL-  ¡Viva Amado, el piadoso!

 

AMADO- Ya lo estoy envidiando.


Anabel- !Silencio¡ Es aun muy pronto para sentir. ¡Al plan! (Sale)
 

Amado se acerca a la cama y le cierra los ojos al cadáver de Teofilo. Enciende un cigarrillo y se sienta encorvado en la cama. Entra Anabel arrastrando esforzadamente un recipiente de metal sobre una alfombra.
 
 Anabel- Un poco de ayuda ¿No?
 

Amado continúa fumando con el cuerpo retraído
 
Anabel
(Soltando la alfombra y observando indignada la actitud de Amado)- ¿Que te pasa?
 
Amado
(con los ojos mirando al suelo)- Fue demasiado simple.
 
Anabel - ¡Aja! Y vos te estas lamentado por nuestra buena suerte.

 

AMADO- No es eso

 

ANABEL- Espero que tu filantropía no me cueste un embarazo.

 

AMADO- ¿Y el bastardo crecería para vengar la sangre de su padre derramando la del usurpador? No, para eso tendría que haber un Dios.

 

ANABEL- Hay un Dios. (Señalando la cama) He aquí la evidencia.

 

AMADO- Acaban de desterrarnos del paraíso.

 

ANABEL- Acaban de abrírsenos las puertas.

 

AMADO- Ya no hay vida para nosotros. 

 

(Pausa durante la cual Amado continua negando levemente con la cabeza mientras Anabel lo observa con irritación creciente)

 

Sale Anabel irritada.

 

AMADO- (Al degollado) Mi sentimiento era puro. Ahora te pido perdón.

 

Amado arranca el crucifijo de la pared y lo coloca sobre el pecho de Teofilo

 

TEOFILO- ¿Fue la pureza quien corto mi garganta?

 

AMADO- Fue un amor ciego.

 

TEOFILO- No hay amor vidente.

 

AMADO- Fue un amor puro.

 

TEOFILO- No hay amor impuro.

 

AMADO- ¡¿Y que hay?!

 

TEOFILO- Olor a muerto. Muertos que hablan, muertos que viven.

 

AMADO (Apagando el velador)- ¡Basta!

 

Solo la brasa del cigarrillo es ahora visible. Amado Camina lenta y sonoramente hacia la otra punta de la habitación. Se detienen los pasos.

 

 Breve pausa. Se escuchan pasos más rápidos.

 

 (Mientras camina hacia el velador) - ¿Que haces a oscuras?

 

 Anabel enciende el velador. El velador encendido es ahora el ubicado al lado derecho. De esta manera, el lado luminoso y el lado oscuro de la escena se invierten. Amado se deja ver sentado en una sillita desvencijada con la cabeza entre las manos. El humo insinúa el cigarrillo que sostienen los dedos índice y mayor de la mano derecha.

 

AMADO- Me duele la cabeza

 

ANABEL- No fumes.

 

AMADO- Me muero.

 

Anabel se llega a arrodillarse a los pies de Amado

 

ANABEL- Estas alterado, querido. Relajate acá, yo me encargo del resto, vos ya hiciste bastante.

 

Amado levanta la cabeza ante esta frasecita. Anabel se pone en pie y camina hacia la cama.

 

(Mientras baja el cadáver al suelo, a la izquierda de la cama) - Nunca habías asesinado y eso te pesa. Pero ya pasara. El tiempo todo lo cura. Y lo que no cure el tiempo lo curara la fortuna que heredare de este viejo y que, cuando nos casemos, será tan tuya como mía.

 

AMADO- ¿No vas a guardar luto por el finado?

 

ANABEL- Luto, no, solo resentimiento.

 

Anabel se acerca al cadáver de Teófilo

 

ANABEL- ¿Ya llegaste al infierno, marido? No te angusties, nos veremos pronto, porque los avaros y los pródigos comparten el mismo círculo del infierno. Y yo prodigare, marido, prodigare y cuando allí nos encontremos arrastrando grandes pesos en direcciones opuestas, yo pelada y vos, como en vida, con tus dedos pegados a la palma, chocaremos nuestros cuerpos y para mi será el cielo porque para vos es el infierno 

 

ANABEL (Distinguiendo el crucifijo sobre el cuerpo de Teofilo)- ¿Que hace mi cristo en la cruz acá?

 

AMADO- No es recomendable entrar al infierno desarmado.

 

Acerca el recipiente metálico a la cama y echa en el la sabanas ensangrentadas. Vuelca un líquido y arroga un fósforo encendido. De pronto un gran fuego ilumina toda la escena. Ambos personajes miran fijamente al fuego en silencio. Golpean la puerta.

 

MARIA- ¡Mama!

 

Anabel se sobresalta. Amado continúa observando el fuego como abstraído. Anabel lo tapa, sofocando las llamas.

 

ANABEL (Recomponiéndose)- Pasa, hija.

 

Maria entra. Viste un camisolín raído. Tose. La cama le impide ver el cadáver de su padre.

 

MARIA-¿Y este humo?

 

ANABEL- Se nos quemaron las sabanas

 

MARIA (Percatándose de la presencia de Amado)- ¿Quien es este señor, ma?

 

AMADO (Mirando a Anabel)- El asesino de tu padre

 

Maria lo mira sin comprender.

 

ANABEL- Un bombero que vino a apagar las sabanas, hija ¿Que haces vos levantada a esta hora?

 

MARIA- Soñé que se me caían los dientes.

 

AMADO- Una premonición de muerte

 

ANABEL (Mirando furiosa a Amado)- El sueño acabo, hija.

 

AMADO- El sueño recién empieza, nena.

 

(Ni bien termina de hablar Amado, como queriendo hacer desaparecer lo dicho del entendimiento de su hija)- Mi amor, anda a la cocina y preparale un te de los de sobrecito verde al bombero, a  ver si se calma.

 

 Sale Maria

 

Anabel toma el crucifijo y acaricia el rostro de Jesús

 

ANABEL (Gritando a Maria)- El azúcar esta en tarro de tapa azul.

 

MARIA (Desde fuera de escena)- ¿Cuantas cucharaditas le pongo?

 

Anabel mira a Amado interrogativamente.

 

AMADO- ¿Cuantas hacen una dosis letal?

 

ANABEL (A Maria)- Ponele dos bien cargaditas.

 

ANABEL- No se que voy a hacer con ella.

 

AMADO- De repente hablas en singular.

 

ANABEL- La pobre es inconsciente del género de vida al que la sometía su padre.

 

AMADO- Mayores verdades ignora.

 

ANABEL (enigmática)- Por fortuna hay cosas entre las que no puede discernir.

 

Entra Maria

 

MARIA- Tome, señor.

 

AMADO- Gracias, nena.

 

Silencio. Amado revuelve el te cabizbajo.

 

MARIA- ¿Se siente bien, señor?

 

AMADO- No tan bien como tu padre

 

ANABEL (Exasperada)- ¡Tomate el te!

 

MARIA- ¿Donde esta papa?

 

AMADO (Bajo a Maria)-  Lejos. Hay una pista al otro lado de la cama.

 

Bebe un sorbo de te.

 

ANABEL- ¿Que decís?

 

Maria comienza a caminar hacia donde le indicaran. Se detiene porque Amado ha dejado caer la taza de te al suelo.

 

AMADO (Temeroso, a Anabel)- ¿Que había en el tarro de tapa azul?

 

MARIA- Azúcar, señor. Mi papá dice que sirve para endulzar la vida.

 

ANABEL- Hija, anda a dormir. ¡Ya!

 

Sale Maria

 

AMADO- ¿Por que?

 

ANABEL- Los que te quedan son segundos. No los gastes en preguntas sin respuestas. Mejor arrepentite de tus pecados

 

(Inclinándose sobre su estomago)- ¡Asesina!

 

ANABEL- ¡Compañero!

 

AMADO- ¡Me muero!

 

ANABEL- ¡El alma se te sale por los ojos!

 

AMADO- ¡Venganza, Dios!

 

ANABEL- La venganza de los Dioses es pura ironía. ¡Pedí el paraíso! ¡Salvate!

 

(Señalando a Anabel)- ¡Pido el infierno para ella!

 

Amado ya apenas se mantiene en pie y posa sus ojos en la nada. Anabel se le acerca y lo abraza durante largos segundos. Amado muere. Anabel lo arrastra hasta tenderlo sobre el cadáver de Teofilo.

 

Entra Maria

 

MARIA- ¿Quien grita, ma?

 

ANABEL- Nadie, hija.

 

MARIA- ¿Y el bombero?

 

ANABEL- Se fue.

 

MARIA- ¿Y papa?

 

ANABEL- Salio ¿Querés que lo esperemos despiertas?

 

MARIA- Bueno

 

ANABEL- ¿Te preparo un te?

 

 

Escritura teatral

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