Vera Montone

 

 

Parásitos

 

Los parásitos son organismos que viven a costa de otra especie, alimentándose y debilitándola, pero sin llegar a matar.

 

 

1- Exposición

 

Noche. Living de la casa de Andrés Zuckerman, hombre de treinta y ocho años, vestimenta prolija, camisa y pantalón oscuro. Colgado en la pared se distingue un reloj cucú, que suena dando las nueve. Hay una biblioteca con libros y un mueble bajo con cajones. Sobre él una carpeta tejida en crochet y una menorá1.

Andrés ordena los almohadones del sillón de dos cuerpos, los objetos de la mesa ratona, enciende velas, y prepara dos copas y un vino. Suena el timbre, Abre la puerta y entra Catalina Fuentes, treinta y cinco años, aspecto prolijo, cabello recogido y vestimenta formal para su edad.

 

ANDY: Bienvenida Catalina, pase a mi humilde morada. (Hace un gesto de reverencia.)

CATA: (Sonríe.) Qué caballero, Andy, permiso. (Entra y mira con detenimiento el living.)

ANDY: (Le saca el tapado y toma la cartera de ella, los coloca en un perchero.) Sentate, veo que finalmente llegaste bien, a esta hora ya no hay mucho tráfico.

CATA: Llegué rapidísimo. (Se ríe mientras se sienta en el sillón.) Te confieso algo, llegué muy temprano y estuve dando unas vueltas con el auto, recorrí tu barrio. Yo tengo la teoría de que el barrio habla de uno… Una forma de conocer cosas tuyas.

ANDY: ¿En serio?, puede ser, nunca lo había pensado. ¿Y qué te habrá dicho mi barrio de mí?

CATA: Algunas cosas. (Suelta una carcajada.)

ANDY: ¡Pero cómo no me tocaste el timbre antes, yo te estaba esperando!

CATA: ¿Preferías que no me cuente?

ANDY: (Sonríe.) Preparé una picadita, no esperes gran cosa, tengo mil manías de solterón que vive solo, pero nunca aprendí a cocinar. Esperame un minuto… (Va a hacia la cocina.)

CATA: (Observa todo el ambiente, se para, camina mirando los objetos. Va hacia el mueble y toca con su mano la prolija carpeta de crochet. Se dirige a la biblioteca y toma un portarretratos con una foto. Detiene su vista en ella unos instantes, la deja en su lugar, pasa el dedo por un estante y lo mira. Lee en voz alta los títulos de los libros de la biblioteca.) El rabino de los rabinos, Discursos Jasídicos, La identidad errante, El código sagrado… (Se oye un ruido en la cocina, se dirige al sillón y se sienta.)

ANDY: (Regresa con una bandeja.) En realidad tampoco es que hice una vieja receta de familia, quise preparar algo y me salió esto.

CATA: Pero veo que las picadas te salen muy bien, ¡todo tiene una pinta! ¿Qué es esto?

ANDY: Hummus, es hummus, ¿probaste alguna vez? Es rico, se prepara con garbanzos, te va a gustar.

(Cata toma el pote y lo huele.)

ANDY: Confiá en mis manos. Abro el vino y mientras te voy a ir contando mis defectos…

CATA: ¿Tus defectos? (Lanza una ruidosa carcajada.) ¡Qué raro!, ¿Y porqué tus defectos?

ANDY: Mis virtudes las podés ir descubriendo, pero a los defectos… uno se esfuerza mucho en ocultarlos. ¿O no es así? Resulta que, cuando aparecen, porque en algún momento aparecen indefectiblemente, ya estás enganchado y es tarde. Es sinceridad brutal.

CATA: ¿Eso significa que tengo que contarte yo también mis defectos? (Carcajada.) ¡Nunca me pasó esto! (Toma un almohadón y se tapa la cara unos segundos.)

ANDY: Porque no me habías conocido. (Se acerca en el sillón y se miran.) Pero para empezar te sirvo (le muestra el vino), fue todo un problema elegirlo, no sabía cuál podía gustarte, paseaba por la góndola pensando en vos para inspirarme.

(Suena insistente el timbre.)

CATA: ¿Pediste helado o esperás a alguien?

ANDY: No, no pedí nada y no espero… (Abre la puerta.)

(Entra avasallante Victoria Otman, treinta y cuatro años, aspecto informal, viste falda larga y el cabello largo, suelto.)

ANDY: ¿Victoria, pasó algo?, ¿qué haces acá?

VICTORIA: Terrible Andy, tengo un día terrible, todo el día mal, así todo mal. Necesito hablar, estoy mal, pero muy mal, hablemos. (La mira a Cata descubriendo su presencia, se acerca y la saluda con un beso.)

ANDY: Justo estábamos hablando nosotros… (A Victoria.) Pero, ¿qué pasó?

CATA: (Desconcertada.) Hola, Catalina.

VICTORIA: (Se sienta junto a Cata.) Victoria, una ex, una amiga… no soy una ex amiga, soy ex, pero más amiga. Nos conocemos desde chicos, de una fiesta en hebraica y desde ahí… Soy una amiga. Todas queríamos ser amigas de él, o de alguno de los madrijim2, te imaginas.

ANDY: (A Cata.) Es una amiga de la infancia. (A Victoria.) Justo estaba hablando con Cata, no sabía que venías…

VICTORIA: Me levanté ya hoy, así, terrible, no podía abrir los ojos. Vos me vas a entender, seguro te pasó, un día así, así como… malo o terrible, no sé, un día así. Pongo la tele y veo posibilidad de lluvia, es eso.

ANDY: (Incómodo.) Bueno, Victoria, no sé si Cata, justo ahora, te quiere escuchar…

VICTORIA: Es hormonal, debe ser algo así, esas cosas terribles hormonales, como una cosa así. Vos sabés de qué hablo, ¿no, Laura?

CATA: Cata.

VICTORIA: Sí, sí. Angustia acá, acá, me tenía que venir antes de ayer, estoy casi segura, no me vino, y me puse a pensar que si estaré menopáusica, capaz embarazada, pero no, no estoy, debe ser eso, menopáusica. Es seguro eso. ¿Te imaginás?, tengo recién treinta y cuatro, y no me apuré a ser madre, no me imaginé esto, ni pensé, me la perdí. (Llora.)

ANDY: Victoria no estás menopáusica, ¿cómo se te ocurre?, es una locura pensar algo así.

CATA: Está muy angustiada, ¿vos tratás así a las mujeres Andrés?, ¡no tenés paciencia, se siente mal!

ANDY: ¿Yo?, no la traté mal, le dije que cómo se le ocurre pensar algo así. Seguro es otra cosa, alguna pavada, o nervios.

VICTORIA: Lo pensé, pero no, esta angustia acá. Hasta busqué en internet precios para fertilización in vitro, no hay forma que yo pueda pagarlo, yo quiero ser madre algún día, quiero tener hijos, uno aunque sea, o dos… Mellizos mejor no, es un lío, no dormís nunca, las ojeras por el ombligo. Con uno está bien, aunque sea uno. No sé si me darán un crédito, algún banco, o alguien, quizás con muchas cuotas, para llegar a pagar tanta plata… Pero después vienen los intereses y la inflación, y todo aumenta. Te imaginás que si aumenta la nafta, aumenta todo, la leche, el pan, los ravioles, todo. También aumentan el precio de eso, de la fertilidad.

ANDY: ¿De la fertilidad? ¿Qué decís?

CATA: No la entiendo, me perdí.

VICTORIA: De la fertilización. Voy a tener que adoptar chicos, no sé cómo se hacen esos trámitesY no es por no adoptar, es lindo, es algo lindo, es un acto de humanidad. No piensen mal de mí, pero me hubiese encantando tener una panza, poder ser madre…

ANDY: Qué ridículo pensar eso, vas a ser madre algún día, ya vas a ver, calmate un poco, tranquila.

CATA: Estábamos por tomar un vino, tomate un traguito así te reponés. (Sirve las dos copas.)

ANDY: Busco otra…

VICTORIA: (Levanta su copa.) ¡Mazel tov3! Gracias Laurita, te juro que intenté todo hoy.

CATA: ¡Cata me llamo! Ya se te va a pasar, tranquila.

VICTORIA: (Se toma todo el vino.) Perdón sí, sí, Cata. Intenté cosas, para que se vaya esto (señala el pecho), me di un baño de sales, para ver si… las encontré en el placard, uno de esos frasquitos, así, lindos, decoraditos, me las regaló alguien hace como cinco años.

ANDY: Estaban podridas seguro, te bañaste en agua podrida por eso estás así, en el rio Ganges.

CATA: (Carcajada.) No se pudren, se les va el olor.

VICTORIA: Sí, lo que menos tenían era rico olor. Pero no me relajé nada, ¡un corno!

ANDY: ¡Porque nadie se relaja en agua podrida!

VICTORIA: Y no, no me relajé, porque empecé a mirarme las arañitas que me salieron en las piernas, terrible, muy terrible, mirá, mirá (se levanta la falda y le muestra a Cata las piernas). Me puse loca.

CATA: No tenés nada.

VICTORIA: Sí, miles, un mapa tengo. (Toma la botella y se sirve más vino.)

ANDY: Entonces podemos jugar al TEG. ¡Qué exagerada! ¿No querés un té en vez de vino, así te calmás?

CATA: Ya está mejor, creo.

VICTORIA: Sí, un poco (se toma todo el vino y llora). Capaz ustedes tienen razón. En la bañadera pensaba en lo mal que me va con los hombres. Podés creerme que elijo todas las relaciones de mierda, las destinadas a fracasar, y desperdicio cada buena oportunidad. ¡Qué desastre!

CATA: A todos nos pasa a veces… (Carcajada.)

ANDY: Bueno, ¿no será que vos los elegís? ¿O aparecen, así como así en tu vida? Por arte de magia.

CATA: ¡Qué bueno tener un amigo como Andy! Te da con un palo…

VICTORIA: Sí, él es mi amigo, y es así, mi amigo y me mata con sus comentarios. ¡Está rico!, me hace bien (mostrando la copa vacía).

ANDY: Najon4.

VICTORIA: ¿Un poco más, javer5? (Se ríe a carcajadas.)

ANDY: Un poco, y basta, dejá de tomar, ya tomaste demasiado. (Le saca la botella.)

VICTORIA: ¿Qué me importa la cantidad de vino! Mi puta lengua se afloja y me encanta. (Pausa.) ¡Te ruborizaste! Son palabras nomás, solo palabras.

ANDY: (A Cata.) Perdón por el mal momento.

(Victoria se sirve una copa más de vino)

 

Apagón

 

 

2- Transmisión

 

Catalina tomando vino recostada en el sillón. Andy, sentado en un banquito con una notoria incomodidad. Victoria arrodillada en el piso, con los codos apoyados en la mesa ratona, come una cosa tras otra. El reloj cucú suena dando las once.

 

VICTORIA: El vino me dio como un vacío… ¿Y esto?, ¡qué asco!, ¿qué es esto?

ANDY: No digas así, no es un asco, hummus es, y no es un asco. (Ordena los platitos de la picada en la mesa.)

VICTORIA: Pero tiene un aspecto horrible, y debe tener ocho mil calorías. Ese como… aceitito.

CATA: No creo.

ANDY: Cata, vos ni probaste la picada.

CATA: Sí, ahora necesito comer algo.

VICTORIA: Tiene feo aspecto, a ver…

ANDY: (Agarra una servilleta enojado, va hacia Victoria y le limpia los dedos.) Tenés mil cosas con qué comerlo, ¿por qué los dedos?

VICTORIA: Son menos calorías, está rico, no es tan así, parecía como que era, ¿cómo decirlo?... grasoso, como con “cerebro”.

CATA: ¿Cerebro?

VICTORIA: Si, eso que se le hace arriba, como una… Abrí otro vino, Andy, a ver si Laura piensa que sos un tacaño. ¿Si es de esas que hablan mal de nosotros?

CATA: ¿De quienes?

VICTORIA: De los judíos.

CATA: ¿Yo?

(Silencio.)

CATA: Ninguno de los dos me conoce, ¿por qué me dicen eso? Esto también es rico, tiene algo picante.

ANDY: Sí, pica, pero no te pongas mal, fue un chiste interno, perdón, no es nada contra vos.

VICTORIA: Si, tranquila, no contagiamos nada. A ver lo que pica… ¿tiene aceite?

(Andrés busca otro vino y lo abre. Luego se dirige al baño)

CATA: Parece que estás más tranquila, hablemos. Ya que estamos acá…

(Victoria asiente con la cabeza pero no habla.)

CATA: Me llamo Cata, Catalina.

VICTORIA: Sí, Cata.

CATA: Ca ta, ¿sí? (Carcajada.)

VICTORIA: Ya entendí Ca ta Catalina.

CATA: Trabajo en recursos humanos, en una consultora.

VICTORIA: Debés conocer a muchos, a mucha gente.

CATA: Así es.

VICTORIA: A muchos hombres, conocerás…

CATA: Si, pero soy soltera, sola.

VICTORIA: Y claro…

CATA: Después de varios tipos de mierda que pasaron por mi vida.

(Andrés sale del baño, y acomoda la carpetita de crochet del mueble.)

ANDY: ¿Para tanto? (Se sienta en el banquito.)

CATA: Y sí, ¡ni a propósito! Parásitos.

VICTORIA: ¿Por qué parásitos?

CATA: A mí me gusta mi trabajo, no es que no quiera trabajar más. ¡No!. Pero un tipo como la gente, que aplica, como debe ser, tiene que tener un buen auto, su departamento, sus cosas resueltas. Qué se yo…invitarte.

ANDY: Mirá vos, claro, la crisis llegó hasta ahí.

VICTORIA: A veces, depende…, también es mejor alguien con quien te llevés bien, te trate bien, te diviertas. Hay muchas cosas… otras.

CATA: Un tipo te trata bien haciéndote lindos regalos, un viajecito, no sé, algo por el estilo. Todos empiezan aparentando y después no tienen un mango. "When it comes to tough work... be my guest"6.

VICTORIA: ¿Qué?

(Andy se encoge de hombros.)

CATA: Tengo mi independencia, me capacité, pero no estoy para mantener a nadie.

ANDY: ¿Entonces un tipo sin un mango, o que está pasando un mal momento es un parásito? Recién me entero. Es interesante saberlo.

CATA: Porque mienten ustedes.

(Victoria come hummus con el dedo sin parar.)

ANDY: No generalices. ¿No querés una cuchara?

(Victoria niega con la cabeza.)

CATA: Empiezan con invitaciones para lucirse, y terminan siendo unos ratones. Yo defino mis requisitos de búsqueda, entre tal edad, alguien líder, que le interese progresar, expandirse. Que se vista bien, ropa buena, el perfume que use. Es importante la presencia, es lo que muestra de sí mismo. También algún hobby

VICTORIA: ¿No será mucho? Y, te pregunto, ¿y si tiene todo, esas cosas, y no te gusta?

ANDY: Parece ser que eso no está en la lista.

CATA: Tengo claro lo que quiero y lo que me gusta. Alguien que responda al modelo interno que tengo de hombre, es el que aplica, o me termina gustando, en definitiva. Tampoco exijo virtuosismo. Hay cosas que tienen que ser así. El tema es que ellos mienten, dicen ser lo que después no son.

ANDY: ¿O dicen tener?, según tu punto de vista.

VICTORIA: No puedo opinar, es tu vida, y no te conozco. Parece que tenés tan claro todo… Soy un desastre. Pero, hay cosas, otras, no es todo tan calculable, qué sé yo. (A Andrés.) ¡Qué bueno está esto! ¿Las preparaste vos, Andy? ¡No te creo que cocinás! ¿Es una habilidad nueva?, nunca había probado nada.

ANDY: No hago gran cosa. Sí, las hice yo.

CATA: ¿Me estás tomando examen, Andrés, o eso parece?

ANDY: ¿Yo?, no.

VICTORIA: Najon, estamos charlando, relajate. Ahora tomate vos un vinito más. (Le alcanza la copa.) ¿Querés una? (Le da una tostadita.)

CATA: Sí, sí. (La come.)

(Andrés se levanta y se va al baño, ellas lo siguen con la mirada.)

CATA: Entonces, digamos, tuve malas experiencias.

VICTORIA: Fracasos.

CATA: Malas experiencias. El último era abogado, y el padre fiscal. De familia ¿Podés creer que quería venir a vivir a mi departamento?

VICTORIA: ¿Es muy chico?

CATA: No, un tipo de casi cuarenta años.

VICTORIA: El departamento, si es chico

CATA: ¡Ah! No, es grande, me lo regalaron mis padres cuando me recibí. Tiene cuando entrás, un living, a ver… Es un poco más grande que esto. (Se para y mide con sus brazos, para un lado y para otro.) No sé, en realidad es otra distribución. Tiene: dos dormitorios, la cocina, que casi no la uso, te imaginás… y dos baños. Es un noveno piso, con una vista increíble, buenísima, maravillosa, lo más. El dormitorio más grande, o sea, el mío, donde duermo, tiene un vestidor bien grande, que es lo que más me gustó, me entra todo, imaginate la cantidad de cajas de zapatos que tengo…

ANDY: (Sale del baño con la camisa para fuera del pantalón, acomoda la carpetita de crochet que está sobre el mueble y comenta por lo bajo.) Nena de papá.

CATA: ¿Qué?

ANDY:¿Y qué pasó con el abogado?

CATA: Un caradura, el tipo es un caradura, ¡él me tiene que invitar a vivir al suyo, a su departamento! Las cosas no son así…

VICTORIA: Pero no es tan fácil, algunos alquilamos, o vivimos en lugares chiquitos así. Hay gente que vive con los padres, primos, con cualquier pariente, hasta insoportable, porque ni llega a eso… Con una mume7, o la bobe8.

CATA: ¿Con quién?

ANDY: Te olvidaste de pedirme la escritura antes de venir a cenar…

CATA: ¿Por qué me tratas mal? Yo no entiendo lo que dicen…

ANDY: ¿Yo te trato mal? Estamos conversando, fue un chiste, sos susceptible. Es el picante que me hace decir esas cosas picantes. (Se ríe con dificultad.) Y creo que… (se toma el abdomen y hace círculos con su mano).

VICTORIA: Debe ser el vino… ¡No te ruborices! Son palabras nomás, sólo palabras…

CATA: No entiendo sus chistecitos internos, Andrés.

VICTORIA: Si estamos conversando nada más, hasta te mostré mis várices, (se levanta la falda y le muestra las piernas) una de mis peores partes, mirá, mirá. Están gordas mis venas, como por reventar.

CATA: Está bien, no tenés tan mal tus piernas Victoria, un poco inflamadas por lo que estás comiendo.

VICTORIA: ¿Si?

CATA: Después el tipo, el abogado, empezó con que tenía tenis con fulano, master de golf en Uruguay…

ANDY: En la lista esa…

VICTORIA: Los requisitos.

ANDY: Sí, ¿no estaba tener un hobby? (Con cara de dolor se acomoda varias veces en el banquito.)

CATA: ¿Otro chistecito?

ANDY: ¡No! Estamos en la parte de contar los defectos… ¿Te acordás que te dije que te los iba a contar?, al final van saliendo los de todos…

CATA: No te estoy contando mis defectos, te cuento mi punto de vista.

VICTORIA: Cada uno tiene su forma…, así…, como de pensar, está bien. (Toma las tostaditas y reparte, Andy no acepta.) No se puede parar de comer éstas… Ni quiero pensar en lo que engordan.

(Ellas comen, solo se escucha el crocante de las tostaditas cuando mastican.)

 

Apagón

 

 

3- Brote

 

Cata y Victoria en el sillón. Ríen. Andrés no está. El reloj cucú suena dando la una.

 

VICTORIA: Estaba medio pálido.

CATA: No me di cuenta, ¿estaba pálido?

VICTORIA: Un poco. ¡Pero lo de él no es hormonal!

CATA: (Carcajada.) Pobre, qué feo que le pase esto, ahora.

VICTORIA: (Le grita a Andy.) ¿Estás bien?, ¿llamamos a la ambulancia?

(Ambas se ríen tentadas tiradas en el sillón.)

VICTORIA: Después me dice a mí, ¡te das cuenta! Que yo me baño en agua podrida, y él nos da comida podrida. ¿El hummus estará mal? ¡No! Yo me comí todo, ese aceitito, y el cerebro. Yo sabía. ¿Qué hago ahora?

CATA: Sentate. A él le cayó mal, capaz comió nervioso… Yo comí y no me pasó nada.

VICTORIA: Sí, es eso, ¿Las cosas éstas, las tostadas picantes?

CATA: ¡Nooo, basta! Vos contame mientras está ocupado, contame de él, de eso que decías antes...

VICTORIA: Lo conozco a Andrés hace años, de hebraica, pero además, así, de casualidad nuestras familias, en realidad no toda mi familia, mi zeide, Mochi, conocía al de él. Creo que se conocían…

CATA: ¿Quién?

VICTORIA: Mi zeide9, nuestros abuelos se conocían. Las familias, en Sabbat10, cuando no pueden ir al templo se reúnen, a veces con otras, y comen, comen todos como chanchos, varias cosas, y hay como un pan, riquísimo, aunque con mil calorías, porque tiene semillitas, que se llama Jalá

CATA: No, eso no, todo bien con lo que me contás, pero te vas… Quiero saber de sus parejas, cosas sobre él. Vos debes conocer a todas…

VICTORIA: Najon, entendí.

CATA: No vas a pensar que te falto el respeto.

VICTORIA: No, te dije que entendí. Nosotros ya no somos tan religiosos, son costumbres familiares que van quedando. Pero, bueno (mira hacia el baño a ver si no viene Andy), ¿vos no querés que te cuente sobre él sino sobre las novias que tuvo, cierto?

CATA: Digamos, sobre eso y sobre él.

VICTORIA: Si hago memoria, creo que la peor de todas las novias que le conocí fue una que estudiaba odontología, creo que se llamaba Carolina, o Carina, se creía que era su madre, lo tenía cortito…

CATA: ¿Cómo?

VICTORIA: Y, dejó de ver a sus amigos, todos lo cargaban, porque tenía que fichar, si a tal hora no la llamaba era un escándalo, y él se asustaría, no podés vivir asustado. Estaba tan loca que le ordenaba los trajes en degradé de colores, las remeras en el estante, chombas en una pila, de negro abajo, a blanco arriba, pasando por verde, azul, rojo. Las de clubes de fútbol en otra pila, capaz separadas por clubes de Europa, de América, de África…

CATA: ¿Qué clubes hay en África? ¿Qué decís? ¿Pero él la dejaba?

VICTORIA: Y, sí, estaría tan loco como ella. Él es bueno, es un tipo bueno.

CATA: Sin carácter.

VICTORIA: (Se atraganta con tostadas, tose, y toma un trago de vino.) No, o un poco… (A Andy.) ¿Querés que te hagamos un té?, me fijo en tu cocina dónde están las cosas. Capaz todo sigue tan ordenado, las tazas en fila con las asas para el mismo lado, como las puso Carina. ¿O ya se desordenó todo? Mirá lo que hacía ella, al principio no me daba cuenta, pero ojo, yo soy observadora y detallista… Siempre ponía en la mesa una frutera, eso es normal, digamos, hay gente que lo hace, a mí me parece horrible, mi tía Berta siempre tiene una de cristal que brilla tanto…, la debe lavar todos los días, me imagino, porque las cosas se ensucian de estar ahí, quietas, sin moverse. Pero son gustos, a mi no me gusta tanto, yo no pongo en mi casa, y tampoco estaría así, lavando algo cada día para que brille como un espejo, es tanto trabajo para nada. Porque si fuera una planta, o un adorno, algo más lindo…

CATA: ¿Y qué pasaba con la frutera?

VICTORIA: Que siempre había cinco frutas iguales.

CATA: ¿No las comían? ¿Eran de plástico? ¡No entiendo lo que me decís!

VICTORIA: No sé si las comían, a las frutas, supongo que sí, por ahí después de cenar les gustaba comer una fruta, más en verano… con el calor te dan ganas de una fruta. ¿A vos no?

CATA: A veces, pero no entiendo a dónde vas con esto...

VICTORIA: Que siempre había cinco frutas. Capaz las reponía… no sé. Podía haber peras, manzanas, naranjas, qué sé yo, pero siempre cinco.

CATA: ¿Y por qué?

VICTORIA: Y, nadie sabía. Ya, después, todos nos reíamos en el grupo de amigos. Mija, ¿o era Benji?, no, era Mija… Bueno, uno de los chicos, quería agarrar y comerse una fruta delante de ella, para ver si iba corriendo a buscar otra…

CATA: ¿Y?

VICTORIA: No, no lo hizo, por Andrés. Capaz después le hacía una escena…

CATA: Pero, ¿qué raro? ¿Por qué estaba con alguien que hacía esas cosas?

VICTORIA: ¿Querés un té, o no?

CATA: (A Victoria en voz baja.) ¡Contame más!

VICTORIA: Carla, (piensa), creo que Carla, o Carina era… con ce o con ka, no sé…

CATA: No importa el nombre…

VICTORIA: No me apures, es mi forma, así.

CATA: Ya vi…

VICTORIA: Como se llame, un día en una reunión de amigos, en el departamento anterior, antes de mudarse a acá, Lea llevó Vareñiques para comer, ella sí sabe cocinar, y rico cocina, aprendió de chica... Pero se ve que estaban peleados. ¿Viste cuando llegas a un lugar y te das cuenta de que algo no anda bien, que hay un clima que se corta con un cuchillo? Llegamos todos juntos, con los chicos y Lea con el tupper, pobre, nunca tiene novio, y no es fea, es algo lavadita, podría arreglarse más. Usa mucha ropa clara, todo pastel, y así termina, siempre con nosotros, pero sola, ¿me entendés?

CATA: No, nada.

VICTORIA: Te cuesta entender parece… Ella, Karina, o Carla, la novia de… (Señala al baño.), ya estaba como loca, enojada, y lo miraba con cara de furiosa. Él (vuelve a señalar el baño), para no pelear se ve, o no sé porqué, en un momento en el que el resto charlábamos entre nosotros, se fue al balcón, nadie lo vio y como estaba la cortina…, se quedó como dos horas ahí, encerrado, agachado para que nadie lo vea. De eso nos enteramos después, porque lo buscábamos y no lo encontrábamos. No te puedo explicar el frío que habrá tomado el pobre, en un noveno piso, de noche, en invierno… Mirá a lo que lo llevó esa mina… Pensamos, con Lea, y con los chicos, que había ido a buscar más bebidas, o no sabíamos. Nos quedamos hablando entre nosotros, entre preocupados, intrigados… y ella sentada, sola, furiosa. Mija lo llamó a su celular, y ahí nos dimos cuenta que estaba sobre un mueble, pero pensamos que se lo había olvidado cuando salió a comprar, viste que a veces, salís así, distraída , o vas pensando en cosas de la vida, o problemas, y lo que menos pensas es en si tenés el celular…

CATA: ¿Y?

VICTORIA: Y en un momento… se abre la puerta del balcón y vuelve Andrés.

CATA: ¿Pero qué hacía solo, ahí?

VICTORIA: No sé, no sabría qué hacer. O estaría re podrido…

CATA: Qué raro todo. Hacen cosas raras.

VICTORIA: Era ésa que le complicaba la vida, como suelen ser las que elige.

CATA: ¿Las otras?

VICTORIA: Todas. Después, estuvo como dos años de novio con una chica Tucumana que estudiaba en Buenos Aires. Ciencias económicas estudiaba creo, o alguna de esas carreras muy aburridas, que yo no hubiera elegido nunca en la vida, ¿no? Al principio parecía tímida, introvertida…

CATA: Del interior, Victoria.

VICTORIA: Digamos, no todos los del interior son iguales… Andy estaba como loco con ella, enseguida nos la presentó a todos los amigos, para integrarla. Somos así, nosotros, la integramos enseguida. Pasado un tiempo, no sé, unos meses serían, o un año… a ver, sería verano, o primavera, hacía calor creo…

CATA: No importa el mes…

VICTORIA: Si querés que te cuente… hablo así.

CATA: All right11

VICTORIA: Porque en definitiva te interesa que te diga todo esto, te estoy contando… Ella alquilaba un departamentito, y se vino de Tucumán un primo, también a estudiar.

CATA: ¿A su casa?

VICTORIA: Claro, no conocían Buenos Aires. También lo traía al primo a las reuniones, y Andrés hasta quería engancharlo con alguna de nosotras. Lea era la candidata, siempre, todos los chicos le quieren presentar novios, pobre. Así, con su ropa tan clarita, tan pastel.

CATA: ¿Y qué tal el primo?

VICTORIA: Raro, había algo que no me cerraba, siempre era bastante antipático, no entendíamos si tímido, o parco… Pero un día saltó todo, ¡un dramón!

CATA: ¿Qué pasó?

(Sale Andrés del baño, con aspecto desaliñado, la camisa está visiblemente arrugada. Acomoda la carpetita de crochet que está sobre el mueble. Ambas lo miran en silencio.)

VICTORIA: (Se para y le deja su lugar en el sillón.) Sentante acá.

(Andrés se sienta.)

VICTORIA: ¿Te voy a hacer un té?

CATA: Te acompaño.

ANDY: Gracias. ¿De qué hablaban?

(Ambas mujeres se encojen de hombros, y se van a la cocina.)

 

Apagón

 

 

4- Epidemia

 

El reloj cucú suena dando las tres.

Andy sentado solo en el sillón, visiblemente desmejorado. Se intenta parar, sufre dolor abdominal, cierra las piernas y bruscamente se vuelve a sentar. Tapa su cara con las manos. Pasa las manos en círculos por su abdomen. Mira hacia el frente con una mirada perdida. Se recuesta en sillón. Saca de su bolsillo un pañuelo y se seca la frente. Vuelve a colocar las manos en el abdomen. Con dificultad vuelve a sentarse en medio del sillón. Pone las manos en el abdomen e inclina su cuerpo hacia adelante. Permanece así unos segundos. Intenta pararse y rápidamente se sienta.

 

ANDY: Gracias por hacerme el té. ¡Uh! (Pasa el pañuelo por su cara.) A ver si... Me pasé con el vino. Tomé mucho vino… No entiendo por qué, así de golpe me… (Queda unos instante con la viste perdida.) Victoria, ¿me escuchas? ¿No será el picante de las tostadas? ¿Qué piensan? Yo compré un vino bueno, y no puedo haberme hecho tan mal. Le contaba a Cata que compré un buen vino. (Vuelve a hacer círculos con sus manos en el abdomen.) ¿Ustedes piensan que tan mal me puedo haber hecho el picante? ¡Victoria!, ¡Vic! (Mira hacia la cocina.) Creo definitivamente que el picante, no el vino. Hablo pavadas, ya no sé qué digo. (Apila los potes vacíos de la picada y ordena la mesa.) ¡Uh! (Se pasa el brazo por la frente.) Ya se me va a pasar… creo. (Se recuesta en el sillón nuevamente, inspira fuertemente, exhala soplando.Toma la botella de vino vacía y la mira.)¿Pueden creer que tengo como un vacío? Mejor dicho, tengo adentro como… seres que… (Come un pequeño bocado de tostaditas, se lo escucha masticar, y pronto la deja. Mira hacia la cocina.) ¿Y el té? Tan difícil no es la cosa, calentar agua y poner un saquito… ¡Victoria, Cata!

(Se oyen bullicio en la cocina.)

¿Qué pasó?

(Intenta pararse pero no puede. Mira hacia la cocina.)

(Aparecen las dos mujeres. Cata está despeinada, con el pelo suelto, y Victoria trae una taza en la mano que apoya en la mesa ratona, en la otra trae un huevo duro que viene comiendo.)

ANDY: ¿Pasó algo?

VICTORIA: (Se sienta exhalando al lado de él en el sillón.) ¡Nada!

(Cata se sienta en el banquito. Las dos mujeres miran para abajo en silencio.)

VICTORIA: (Le muestra a Andy el huevo duro.) Estaba en tu heladera, espero que no lo tengas desde Pesaj12 ahí.

ANDY: ¿Te quedaste con hambre? Estuviste revisando mi heladera de nuevo, como siempre. ¿Querés buscar el Afikoman13?, ya pasó Pesaj.

VICTORIA: (Hace un gesto negativo con la cabeza y se ríe.) Aunque no estaría mal. Tomate ese té.

ANDY: Sí, ya.

CATA: ¿Vos te sentís mal de verdad?, ¡Qué cara!

ANDY: Algo.

VICTORIA: Ya se te va a pasar Andy, ¿te acordás de aquella vez en la casa de Tzipora, que comimos los arenques?

CATA: ¿Arenque? ¡Qué feo!

VICTORIA: Es rico, vos ¿qué sabés? ¿Comen trucha ahumada en tu casa?

ANDY: (A Victoria.) No tenés que contestarle así. (A Cata.) A todos nos pasa que algo nos puede caer mal.

CATA: Quizás cuando comés nervioso, o te juntás con gente rara, de esa que te hace poner nervioso.

ANDY: Ustedes no son raras, a ella la conozco desde siempre. ¡Desde que yo usaba la campera pepino14

(Victoria suelta una sonora carcajada y se tienta de risa.)

CATA: Yo no soy la rara. Digo, que si te ponés nervioso te hace mal lo que comés.

ANDY: Y quién es la gente rara, si están solo ustedes.

VICTORIA: Ella sabrá las cosas que dice. Ella fue la que dijo “rara”. Me hiciste acordar de tu campera pepino. (Vuelve a reírse tentada.)

CATA: Digo que te rodeás de gente rara…

ANDY: Rara, rara, ¿qué sería rara?

CATA: Alguien raro, no muy normal. Gente que cambia de humor, que se pone amenazante de la nada.

ANDY: ¿Y quién se puso amenazante? ¿De quién hablás?

VICTORIA: Se inventa cosas…

CATA: Hablo en general, de la gente, de alguna gente.

ANDY: ¿Y de quién hablas? Acá estamos solo los tres. ¿Quién amenazó a quién?

VICTORIA: No sé de qué carajo habla. Y no creo ser tan rara, soy así… Vos me conocés Andy, hablo así, pero… No, yo no.

ANDY: ¿Carajo? Sí, tenés tu forma de ser, pero raro es otra cosa. O no sé qué es raro para Cata, no lo termina de definir. Y ¿porqué lo de amenazante?

CATA: Nada, no digo nada. Capaz cuando comías el arenque había gente que te ponía nervioso.

ANDY: Y si no conocés a mis amigos… ¿Vos estabas ahí, con nosotros, comiendo arenques ese día? Por qué nos definis con tanta liviandad, como raros. En tu lista esa no debe haber gente rara, no sé que es raro.

VICTORIA: El vino, seguro el vino tiene la culpa de todo. Tomá el té, así digerís.

ANDY: Es algo típico criticar a los amigos…

CATA: ¿Típico de quién? Yo no critiqué, y yo no fui la que empezó…

ANDY: No de nosotros.

CATA: ¿Quiénes serían, nosotros?

VICTORIA: Nosotros nos conocemos.

CATA: Si, apenas los conozco, pero no soy alguien que va venir a tu casa a criticar tu vida, Andrés.

ANDY: ¿Qué vida? Si no sabés mucho de mi vida. ¿O el barrio te contó sobre mi vida?

CATA: No precisamente…

VICTORIA: Decía que fuimos ese día a la casa de una amiga a comer arenques y como estaba tomando un antibiótico, porque tenía dolor de muelas… ¿O era el oído? ¿Era algo de la muela o del oído lo que te pasaba?

ANDY: Era una muela.

VICTORIA: Eso, bueno, le dio como un ataque de alergia y se le hinchó la boca así. Parecía un pato.

ANDY: Un pato, o esas con boca de riñón…

VICTORIA: También, bueno, la trompa así. El tema es que terminamos todos, con todos los chicos, ahí, de gran charla en la guardia del hospital como dos horas, hasta que finalmente lo atendieron.

ANDY: Victoria, ya te dije, a ella no le interesan nuestras historias. Tengo un buen grupo de amigos.

CATA: Yo no tengo muchos amigos, tengo pocos.

VICTORIA: ¡Seguro, te lo firmo! Entran en un paragüero.

CATA: Las mujeres son todas competitivas, todas. Por algo quieren siempre marcar territorio, como gatas meando su zona.

VICTORIA: ¡Qué asco! Soy mujer y no compito, vos conocerás gente así, que compite. También decir todas, así, todas, todas no.

CATA: Es así, totalmente así, te quieren robar a tu novio, o envidian la cartera que me compré, o la inteligencia, la seguridad, no sé. Y los hombres, bueno, ya sabemos…

ANDY: Tengo amigas, y son amigas. ¡Uh!

VICTORIA: Igual, tengo amigas y amigos, como él, y otros amigos que no son él, pero son mis amigos. Vos no sabrás tener amigas.

CATA: Sí, se ve que son “muy” amigos ustedes.

VICTORIA: (A Andy.) Najon, terminate el té. (Se lo alcanza.)

ANDY: Sí, sí.

VICTORIA: Te acordás de… (Empieza a cantar una canción en Idish)

(Andy mueve la cabeza con dificultad. Cata los observa con fastidio.)

 

Apagón

 

 

5- Endemia

 

Se oye el reloj cucú dando las cuatro. Andrés y Cata sentados en el sillón, Victoria sentada en el piso.

 

VICTORIA: Algo dulce…

CATA: Sí, para sacar el gusto agrio…

ANDY: ¿Tan mal les cayó a ustedes también?

CATA: Pero no fue la picada, ni fue el vino… Fue la bilis.

VICTORIA: (Se para, se dirige a un mueble y empieza a abrir cajones .Deja todo desordenado.) Dale Andy, entregá todo…

CATA: ¡Ah, bueno! Tu amiguita te va a revisar todo…

VICTORIA: Te conozco, siempre tenés chocolates escondidos que te comprás… Yo sé que los tiene por acá. (Encuentra chocolates en un cajón, los toma, deja todas las puertas y los cajones del mueble abiertos.)

ANDY: (Con poca voz por el dolor.) ¡Uh! Los encontró.

CATA: En serio escondés chocolate, ¿y de quién lo escondés, de tu amiga que viene a saquearte?

ANDY: A mí no me des. Convidale a ella (señala a Cata). ¡No te los vas a comer todos vos!

VICTORIA: (Le ofrece de mala gana.) Acá tenés, chocolate bueno, caro, como te gustan las cosas a vos, así, caras.

CATA: De buena calidad, no caras. Es distinto, aunque no lo sepas.

ANDY: No los escondo, guardo, los guardo ahí.

VICTORIA: ¡Mentira! Ya sabemos quién…, se comía todos tus chocolates, que es tu tesoro, tu bien más preciado.

ANDY: No exageres, ahora vivo solo y los guardo ahí, para cuando miro los partidos de Atlanta.

CATA: ¿De Atlantaaaa? (Carcajada.)

ANDY: Sí, ¿y?

CATA: Nada, nunca conocí a nadie de Atlanta.

VICTORIA: A él. Bueno, conocerlo… digamos que lo conocés…

CATA: Sí, ahora puedo decir que conozco un hincha de Atlanta.

VICTORIA: ¿Y está en la lista? ¿O no está en la lista?

ANDY: ¡Están picantes!

CATA: ¿A mí me decís? (A Victoria.) ¿Se puede comer más chocolate o es solo para los amigos?

VICTORIA: (Le da con desgano.) Otra vez con tu ironía, nos volvés a decir amarretes, sos decididamente antisemita.

(Cata la mira furiosa.)

VICTORIA: Cuando hacés tu lista esa, que decís que hacés…¿…?

CATA: No es una lista, como la del supermercado. Es enfocar los requisitos, focalizar, como motor de selección, lo que uno quiere y lo que no. ¿Ustedes no tienen cosas inaceptables al respecto? Pareciera que a ustedes todo les da lo mismo en la vida. ¿Te dormiste Andrés?

ANDY: No, claro que no (abre los ojos), es solo un minuto para que…, pero estoy escuchando, y no, a mí no me da lo mismo nada.

VICTORIA: Sí, claro, a mí esa gente grande a la que la mantienen, que tiene que consultar todo, que depende de lo que dice la madre para todo. Conocemos de esa gente. (A Andy.) ¿No?

(Cata mira sin entender.)

ANDY: ¿De quién hablás?

VICTORIA: Benji por ejemplo, Benji Breger, es así. Todo, todo lo consulta. Imaginate yo, que ni puedo conmigo misma, me complico, así, por todo, por todas las cosas… Soy complicada, y si encima estoy con… Eso está en mi lista.

CATA: ¿Viste? Hasta alguien como vos tiene requisitos… Imaginate.

VICTORIA: Claro, hay gente que encabeza mi lista.

ANDY: Espero que el tema de Atlanta no reste puntaje.

VICTORIA: Ni debe estar en las posibilidades, nadie es de Atlanta.

ANDY: ¿Cómo nadie? En mi familia todos los hombres somos.

CATA: ¡Ah! ¿Y el de la foto esa entonces…? (Señala la biblioteca.)

VICTORIA: ¡Iajne15!

CATA: ¿Quién?

ANDY: El de la foto es mi viejo con Gómez Voglino.

CATA: ¡Mirá vos…!

ANDY: ¿Lo conocés?

CATA: (Hace un gesto negativo.) Nunca pensé (carcajada). No sé cómo se categoriza a un hincha de Atlanta. Está bien que los hombres tengan pasión por algo, el tenis, golf, yachting… Lo que es insoportable es cuando se pasan horas contándote detalladamente, por ejemplo en el fútbol… cada jugada te la relatan en un léxico inentendible, y con una minuciosidad tal… como si a una le importara. ¡Y ni se te ocurra opinar o preguntar! Todo bien, tené tu pasión, pero no es mía. Hablalo con tus amigos.

VICTORIA: Hay que poner cara de que los escuchás y pensar mientras en otra cosa.

ANDY: De lo que me vengo a enterar…

CATA: Hay gente que tiene varias caras, eso salta a la vista.

VICTORIA: Podés pensar en el corte de pelo que le viste a tu compañera de trabajo, y te gustaría saber si a vos te queda como a ella, porque seguro tenés un pelo distinto y al final quedarías horrible. O no, quedás mejor que ella y se quiere morir.

ANDY: (Vuelve a cerrar los ojos y habla con la voz quebrada.) ¿Así que a ustedes no les importa lo que les contamos? Después dicen que los hombres no hablamos, no decimos lo que nos pasa… Si no les importa.

VICTORIA: ¡No! No es así Andy, una cosa es que cuentes un problema y otra un partido.

ANDY: (Abre los ojos y la observa como come.) ¿No te va a hacer mal?

CATA: Que te relaten las jugadas del partido es como si yo te contara detalladamente cada par de zapatos que vi en la zapatería y me quiero comprar, ¿te importa?

ANDY: Parece que el equivocado soy yo. ¿Ustedes dos dicen que resta puntos de la lista hablar de lo que nos gusta?

CATA: ¿Vos conocés a alguna mujer a la que le interese que le cuentes las jugadas de Atlanta? Capaz tu amiga que es tan buena que…

VICTORIA: A mí no.

ANDY: Por eso estaré solo…

CATA: No quiero salir con los separados…

VICTORIA: ¡Qué larga tu lista! Al final… Casi no falta nadie.

CATA: Larga como tu caterva de anécdotas adolescentes, ¿no? Separados si, o puede ser, pero sin hijos. Siempre te dejan plantada, porque es el family day, que tienen que ir con la ex, y siempre el cuentito del nene que se le cayó el primer dientecito y te lo muestran… ¡Un asco!, no quiero ver un diente caído.

ANDY: ¡Algún día vas a estar vos mostrando los dientitos de tus hijos! (Se levanta con dificultad y se dirige al baño.)

VICTORIA: Mi tía Berta tiene un collar lleno de dientes de cada uno de sus hijos. ¡Oy vey16! Yo cuando tenga no me voy a hacer collares… Así tenga hijos o adopte.

ANDY: Antes se usaba, era costumbre…

(Las mujeres quedan solas)

VICTORIA: ¿Te dio asco que hablemos de dientes?

CATA: (Por lo bajo.) O vos…

VICTORIA: Creo que necesitas dormir, por las ojeras negras, yo digo… Capaz justo querías irte a dormir.

CATA: Victoria, te veo mejor de tu menopausia, digamos, menos desbordada. No así de tus várices, que con tanto que comiste sin parar, un montón de hummus aceitoso, todas las tostadas, y ni hablar del chocolate… realmente deben estar por explotar. Un rumiante sos, y sería peligroso. Podés irte a dormir, y ya que estás poner tus piernas en alto, así. (Pone sus piernas en el apoyabrazos del sillón.)

VICTORIA: Estoy muy bien acá, Sabés que a mí me hace muy bien estar con mis amigos, como Andy, tantos años, tantas cosas que vivimos juntos. Cada vez que yo lo necesito, como viste, porque vos misma lo viste, él siempre está. Puedo venir cuando quiero, o llamarlo, y él está, así, siempre, está para los que somos sus amigos, para lo que necesitemos. Todo el grupo de amigos contamos con él. Así como vine, capaz que en un rato viene Mija, si es que quiere venir por algo, o cualquiera que necesite algo… (Vuelve a sentarse en el banquito y disimuladamente se mira las piernas.)

CATA: Parece que para ustedes, Andy es el muro de los lamentos, y esto por lo que veo es Jerusalem (señala la menorá). Creo que ya te escuchó, yo también te escuché, demasiado ya, cada detalle te escuchamos, ¡uf! Y no veo a tus otros amigos por acá, solo a vos, por ahí es un buen momento para ir a hacerte las raíces ya que te sentís mejor, veo que te creció mucho el pelo últimamente, se te nota. Eso debe ser, también, algo hormonal.

VICTORIA: Nosotros, el grupo de los amigos, nos cuidamos mucho, nos cuidamos unos a otros, y de los otros. Nunca vamos a dejar que algún roedor, o roedora, quiera sacar una tajada de nuestros amigos.

CATA: ¡Pero qué amigos admirables y generosos que son! No sé de qué lo tenés que cuidar ahora, no sé dónde están las ratas, no las veo. Cuidate vos, sobre todo de lo que comiste, que mañana no va a haber ropa que te entre. (Carcajada.) Hasta un huevo podrido sos capaz de comerte…

(Sale Andrés del baño con una bata y el pelo mojado. Observa parado el mueble con los cajones abiertos y todo desordenado. Se acerca y acomoda prolijamente la carpeta de crochet. Cata lo mira sorprendida y se acomoda en el sillón dejándole un lugar.)

CATA: ¿Vos te fuiste a bañar?

ANDY: No me fui, me tuve que bañar.

 

Apagón

 

 

6- Pandemia

 

El reloj cucú suena dando las seis. En la ventana se ve que comenzó a amanecer. Andrés está sentado, en bata, en medio del sillón con el rostro abatido. En los apoyabrazos están sentadas Cata y Victoria, una en cada uno. En la mesa ratona tazas de café, copas con vino y restos de la picada.

 

CATA: Parece increíble, ya está saliendo el sol. (Agarra una de las tazas y toma café.)

VICTORIA: Los murciélagos ya tienen que desaparecer, digo, les asusta el día. Sobrevuelan a sus víctimas solo por las noches.

CATA: ¡Qué manejo de las sutilezas!

VICTORIA: Hay murciélagos, vampiros, lechuzas.

CATA: Moscas sobre el vino.

VICTORIA: El vino, sí, me afloja la lengua, y te ruboriza, pero no, estoy tomando café.

CATA: Es el cocktail.

VICTORIA: ¿Qué?

CATA: (A Andy.) Tu amiga no quiere sentirse mal y come cualquier cosa, todo mezclado, huevos podridos... Deberías cuidarla, le hace muy mal, no solo dice cosas inentendibles, sino que se transforma en araña. No las que tiene en las piernas, la araña pollito que esconde, toda peluda, como es.

(Andy mira a una y a otra alternadamente, exhausto.)

VICTORIA: ¡Ojo! Porque hay gente oscura, que hace listas negras… Todos debemos estar ahí, me da miedo esa gente. En nuestro grupo no entra gente así, porque nosotros no discriminamos, somos discriminados desde siempre, nosotros.

CATA: No creo haber enviado ninguna solicitud de ingreso a ninguna secta. Menos si la preside una termita voraz.

VICTORIA: Si sabrás de termitas “comebilleteras”. Buscan sus víctimas en Recoleta, Barrio Norte. Es su hábitat natural.

CATA: Yo no necesito billeteras ajenas, vengo de una familia como la gente.

VICTORIA: ¿Cómo qué gente? La que se cree de otra raza. Y encima piensa que nosotros no somos gente, si sabremos de eso… de lo que ya nos pasó.

CATA: De razas son los perros, o las perras… En mi familia, la tía de mi abuela, Laureana Prats, fue de las damas mendocinas que bordaron la bandera. La bandera de San Martín, no sé si sabés. ¡Qué vas a saber!... Un asno sos, un arado. Y no necesito colgarme de nadie.

VICTORIA: (A Andy.) ¡Qué amistades las tuyas! Es increíble cómo a veces un gran error puede mostrarnos una verdad…

CATA:¡Pero qué profundidad! Veo que te leíste todos los sobres de azúcar, pero ni así hilvanás las palabras. Y mientras tanto, no solo ingeriste palabras, seguro no dejaste ninguna medialuna en pie.

ANDY:¿Es necesario todo esto?

VICTORIA: (Se para desde una punta del sillón, mira furiosa a Cata y hace un gesto mostrándole la puerta.) Eso digo, no sos necesaria acá “Laurita doble apellido”, de familia ilustre, de ilustres bordadoras de banderas patrias. (Se pone de pie y empieza a cantar el Himno Nacional.) Oíd mortales el grito sagrado: libertad, libertad, libertad. Oíd el ruido de rotas cadenas…

CATA: Si no me equivoco la invitada soy yo. (Se para y le grita desde la otra punta del sillón.) Vos viniste acá a joder a tu “amiguito”, a actuar de espantapájaros, que es lo que sos. Mirate al espejo, das miedo, espantás gente.

VICTORIA: Sí, espanto a bicharracos como vos que vienen con cara de nada, porque tu cara y toda vos, bien desabridita sos. Mucha carterita, zapatito importado y lo que querés es aprovecharte del pobre.

(Andy se tapa la cabeza con un almohadón.)

CATA: ¡Ah, mira vos cómo me envidiás mis zapatos! Es de no creer lo básica que sos, lo berreta, decí que yo tengo una buena educación, porque…

VICTORIA: (Toma un almohadón del sillón y se lo tira por la cabeza a Cata.) ¡Pero andate de una vez carancho!

CATA: (Toma el almohadón.) ¡Lo que faltaba! ¡Qué mal educada!

VICTORIA: (Toma de la mesa ratona una copa con restos de vino y se lo tira a Cata en la ropa.) ¡Tomá cucaracha horrible de guantes blancos, y manchas rojas ahora!

CATA: (Se para furiosa.) ¡Mirá lo que hiciste, me manchaste la ropa! ¡Loca, loca! (Toma la panera de las tostaditas y se la tira por la cabeza a Victoria.)

VICTORIA:¡No! Esto está todo engrasado, ¿ves que sos una rata sucia? (Toma una taza de café y le tira los restos en la cara a Cata.)

CATA: ¡No! (Se mira toda manchada, y el pelo sucio.) ¡Pero qué hacés! Cerda espantosa, saliste de un chiquero, comés basura y te revolcás. Vos sos un asco y me querés ensuciar a mí, me querés aniquilar.

VICTORIA: ¿Yo, o vos?

(Se desata una pelea en que ambas mujeres se tiran con lo que encuentran en la mesa, y se escudan tras el apoyabrazos del sillón, cada una en una punta. Andrés permanece acurrucado en el sillón y tapado detrás un almohadón. Se oyen gritos y ruidos de objetos que se rompen.)

 

Fin

 

1 Menorá: Candelabro de siete o nueve brazos usado en rituales judíos.

 

2 Madrijim: Adalid, líder de un grupo.

 

 

3 Mazel tov: Expresión utilizada en hebreo moderno para el brindis. Felicidades, buena suerte.

 

4 Najon: Del hebreo, correcto, ok.

 

5 Javer: Del idish, amigo.

 

6 When it comes to tough work... Be my guest: Del inglés, “cuando el trabajo es duro… es tu turno”.

 

7 Mume: Del idish, tía.

 

8 Bobe: Del idish, abuela.

 

9 Zeide: Del Idish, abuelo.

 

10 Shabbat: Celebración judía desde el atardecer del viernes hasta que sale la primera estrella del sábado.

 

11 All rigth: Del inglês, está bien.

 

12 Pesaj: Festividad judía.

 

13 Afikomán: Juego de niños que se realiza durante la ceremonia judía de Pesaj.

 

14 Campera pepino: Prenda utilizada típicamente por los jóvenes de la colectividad judía.

 

15 Iajne: Del idish, chismoso.

 

16 Oy vey: Exclamación de sorpresa.

 

 

Escritura teatral

Capital Federal - Buenos Aires Argentina info@escriturateatral.com